Álvaro Guijarro (Madrid, 1990) es un poeta, escritor y fotógrafo español.
Su relación con la práctica fotográfica se remonta a 2005-2007, cuando aprendió, siendo aún adolescente, el arte de la fotografía analógica con una Nikon F80 en desuso yendo a una Casa de la Cultura junto al fotógrafo Jorge Sanz. A los 18 años, viajó a Nicaragua en calidad de documentalista para una empresa cafetalera tras ganar una beca, y una de esas imágenes, “Esmero anónimo”, tomada en las cintas de una fábrica, se expuso en Oviedo, seleccionada por un certamen. Ya como estudiante de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, realizó para Mephisto, una gaceta de estudiantes, un reportaje en papel sobre el paso de la Guerra Civil por dicho entorno. Con todo, no fue hasta 2014-2015, reconsiderado su camino académico, cuando recaló, con su 7D, en la Escuela TAI, junto a profesores como Matías Costa, Jerónimo Álvarez, Gianfranco Tripodo, Albert Corbí o Thomas Canet, obteniendo un Máster en Fotografía Editorial y Fotoperiodismo por dicho centro; y del que nació una exposición colectiva en el marco de PHotoEspaña, Latino, participando con un retrato. Posteriormente, trabajaría como fotógrafo durante varios años en DIMAD (Asociación de Diseñadores de Madrid), dentro del centro de artes vivas Matadero Madrid, registrando encuentros, talleres, exposiciones y celebraciones de todo tipo. En este contexto, colabora unos meses con un periódico local: Tetuán 30 Días, aunando imágenes y textos en una sección a su nombre, que bautiza como Palagrafías; y publica alguna muestra en Pineal Magazine #15. Pero habrá que esperar hasta el año 2022 para su primera exposición individual: Primer paseo en la ciudad de siempre, inspirada en la figura del escritor suizo Robert Walser y el acto de pasear en clave situacionista, expuesta durante un trimestre en la sala de exposiciones de una celebrada librería madrileña: Olavide | Bar de Libros. Finalmente, de 2021 a 2023 retomará la fotografía analógica con su querida Olympus XA y una Minolta X-700.
Actualmente, tira con una Fujifilm X-T30II, en lo que es un intento por vincular la estética analógica con la digital, y trabaja casi siempre en 50mm y, en menor escala, en 35mm. Su búsqueda supone un equilibrio entre lo documental y lo ascético dentro del espacio de las ciudades, aunque no olvida la ironía (más presente en sus años digitales) y la huella de los sujetos que aparecen en sus imágenes, muchas de ellas tomadas en viajes, a modo de escenarios. Guarda un especial aprendizaje de las obras de Doisneau, Koudelka y García Rodero, y en color, de Alex Webb y Martin Parr; así como la admiración por figuras como Man Ray u Ouka Leele y lo procesual de sus trabajos. En presente, es tutelar para él la obra del eslovaco Martin Kollar, que representa “un desvío” de lo cotidiano y un sentido de la extrañeza en alto grado.
Y algo de archivo fílmico, muy humilde, aquí: https://vimeo.com/alvaroguijarro.
Su relación con la práctica fotográfica se remonta a 2005-2007, cuando aprendió, siendo aún adolescente, el arte de la fotografía analógica con una Nikon F80 en desuso yendo a una Casa de la Cultura junto al fotógrafo Jorge Sanz. A los 18 años, viajó a Nicaragua en calidad de documentalista para una empresa cafetalera tras ganar una beca, y una de esas imágenes, “Esmero anónimo”, tomada en las cintas de una fábrica, se expuso en Oviedo, seleccionada por un certamen. Ya como estudiante de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, realizó para Mephisto, una gaceta de estudiantes, un reportaje en papel sobre el paso de la Guerra Civil por dicho entorno. Con todo, no fue hasta 2014-2015, reconsiderado su camino académico, cuando recaló, con su 7D, en la Escuela TAI, junto a profesores como Matías Costa, Jerónimo Álvarez, Gianfranco Tripodo, Albert Corbí o Thomas Canet, obteniendo un Máster en Fotografía Editorial y Fotoperiodismo por dicho centro; y del que nació una exposición colectiva en el marco de PHotoEspaña, Latino, participando con un retrato. Posteriormente, trabajaría como fotógrafo durante varios años en DIMAD (Asociación de Diseñadores de Madrid), dentro del centro de artes vivas Matadero Madrid, registrando encuentros, talleres, exposiciones y celebraciones de todo tipo. En este contexto, colabora unos meses con un periódico local: Tetuán 30 Días, aunando imágenes y textos en una sección a su nombre, que bautiza como Palagrafías; y publica alguna muestra en Pineal Magazine #15. Pero habrá que esperar hasta el año 2022 para su primera exposición individual: Primer paseo en la ciudad de siempre, inspirada en la figura del escritor suizo Robert Walser y el acto de pasear en clave situacionista, expuesta durante un trimestre en la sala de exposiciones de una celebrada librería madrileña: Olavide | Bar de Libros. Finalmente, de 2021 a 2023 retomará la fotografía analógica con su querida Olympus XA y una Minolta X-700.
Actualmente, tira con una Fujifilm X-T30II, en lo que es un intento por vincular la estética analógica con la digital, y trabaja casi siempre en 50mm y, en menor escala, en 35mm. Su búsqueda supone un equilibrio entre lo documental y lo ascético dentro del espacio de las ciudades, aunque no olvida la ironía (más presente en sus años digitales) y la huella de los sujetos que aparecen en sus imágenes, muchas de ellas tomadas en viajes, a modo de escenarios. Guarda un especial aprendizaje de las obras de Doisneau, Koudelka y García Rodero, y en color, de Alex Webb y Martin Parr; así como la admiración por figuras como Man Ray u Ouka Leele y lo procesual de sus trabajos. En presente, es tutelar para él la obra del eslovaco Martin Kollar, que representa “un desvío” de lo cotidiano y un sentido de la extrañeza en alto grado.
Y algo de archivo fílmico, muy humilde, aquí: https://vimeo.com/alvaroguijarro.